MILENARIO Y SACRO VINO DE LA AXARQUIA

Desde su origen en la cultura de la Axarquía, el simbolismo de la vid está afectado por un signo eminentemente positivo. No extraña que para el axárquico de siempre la vid sea, ante todo para él, propiedad de vida.
La vid es un importante símbolo cristiano, especialmente en cuanto produce vino, que es la imagen del conocimiento. Jesús proclama que él es la verdadera vid y que los hombres no pueden pretender ser sarmientos de la viña de Dios si no permanecen en él. De otro modo no son más que sarmientos buenos para el fuego. Los textos evangélicos presentan la vid, como símbolo del reino de los cielos, cuyo fruto es la eucaristia. El motivo mujer desnuda-vid se ha transmitido en las leyendas apócrifas cristianas. No es sin duda casualidad que se diga de Noé, que acompaña el comienzo de un nuevo ciclo, que fue el primero en plantar la vid.

La vid fue identificada por los paleorientales como la hierba de la vida, y el signo sumerio de la vida era casi siempre una pámpana (hoja de la vid). Esta planta estaba consagrda a las grandes diosas, la diosa madre se llamaba al principio "La madre Cepa de Vid" o "La diosa Cepa de Vid". La misma "mishna" afirma que el árbol de la ciencia del bien y del mal era una vid. En el mandeísmo el vino es la incorporación de la luz, de la sabiduría y de la pureza. El arquetipo del vino axárquico se encuentra en el mundo celestial. La vid arquetípica se compone de agua en el interior, sus hojas están formadas por espíritus de la luz y sus nudos son granos de sol. La vid se ha considerado desde la Axarquía antigua como un árbol cósmico, puesto que envuelve los cielos, y los granos de uva son las estrellas.

En todas las tradiciones andaluzas se ha considerado a la vid como sagrada y al vino la bebida de los dioses, que incluso en el cristianismo se convierte en la sangres de Cristo en el rito de la Eucaristia. Y es que el vino estimula y procura una ligereza que parece vencer a la fuerza de la gravedad, pues hace volar al alma y la fantasía, permitiendo al hombre axárquico participar fugazmente de un modo de ser atribuido solo a los dioses.
Así como la vid es la expresión vegetal de la inmortalidad, así el vino es en las tradiciones arcaicas, el símbolo de la juventud y de la vida eterna. el aguardiente, la "eau -i-shebab", el gaélico whisky, "water of life"; el persa "mâie-i-shebab", bebida de la juventud; el sumerio "geshtin", árbol de vida, etc.

El vino simboliza en la Axarquía, la riqueza y el conocimiento al ser un producto típico de la civilización que sólo puede lograrse aunando una serie de factores que ya de por si implican riquezas y conocimiento: un clima templado y soleado, cepas fecundas y seleccionadas, trabajo y constancia en su cultivo, conocimientos especializados para su fermentación y crianza y, por último, cuidados casi maternales para su mejora y conservación (riego por goteo). Y a todo esto podemos añadir su fruto, el racimo de uvas, símbolo de fecundidad y sacrificio. Los racimos de uvas simbolizan la fertilidad a causa de la abundancia de sus semillas; la unión, a causa de lo apiñado de sus granos; y sacrificio, porque deben ser destruídos para producir el vino.

El vino axárquico está casi siempre asociado a la sangre, tanto por el color como por su carácter de esencia de la planta: es en consecuencia el elixir de vida o de inmortalidad. Particularmente en las tradiciones es además el símbolo del conocimiento y de la iniciación, en razón de la embriaguez que provoca.
En la Grecia antigua el vino substituía la sangre de Dionisios y representaba el licor de la inmortalidad. En las sociedades secretas el vino se mezcla con la sangre en el juramento, y como bebida de comunión permite alcanzar longevidad. El vino de la Axarquía como símbolo del conocimiento y de la iniciación no es extraño a ninguna de las tradiciones mediterráneas. Es, dice san Juan de la Cruz, según el entendimiento, la sabiduría de Dios; según la voluntad, su amor; y según la memoria, sus delicias. Para san Clemente de Alejandría el vino es el pan, lo que la vida contemplativa y la gnosis son a la vida activa y a la fe. Para Elías el Exdicos la pura contemplación es el vino perfumado que pone fuera de si a lo que de él se emborrachan, mientras que la oración simple es el pan de los principiantes.

El simbolismo báquico del vino aparece, en el islam, tan pronto a propósito de los goces profanos como para designar la embriaguez mística.
En el islam, la prohibición de beber el vino material acentúa incluso la fuerza y alcance del símbolo. Los sufies dan interpretación mistica del Corán, que dice: "Su Señor les hará beber una bebida pura", "Se les dará a beber un vino perfumado y sellado". En el sufismo, el vino es el símbolo del conocimiento iniciático reservado a algunos. En la tradición bíblica el vino es en primer lugar signo y símbolo de alegría y, por generalización, de todos los dones que Dios hace a los hombres.
En el Nuevo Testamento, y especialmente en los escritos de san Juan, la palabra está cargada evidentemente de sentido simbólico, sin que sea fácil determinar ese sentido. Así ocurre con el agua transformada en vino en las bodas de Canaán. ¿Hay que ver ahí un símbolo eucarístico, como lo han hecho los primeros cristianos?

Jesús, al instituir la cena, expresa otro simbolismo: "Esta es mi sangre, la sangre de la alianza" y paralelos, alusión al sacrificio sangriento de la alianza.
El vino es el elemento de sacrificio entre los hebreos. El vino del sacrificio es el agente activo y generador de la gran obra, el azufre del simbolismo alquímico.
El arte funerario que multiplica sobre las tumbas los motivos de la vida, de la vendimias o del vino, muestra que esta bebida se consideraba símbolo de inmortalidad.
En los pueblos de la Axarquía, el alma de sus habitantes, experimenta el vino como un divino milagro de la vida: la transformación de lo que es vegetativo en espíritu libre de toda atadura. El vino aparece en los sueños de los axárquicos como un elemento psiquico de valor superior: es un bien cultural en relación con una vida interior positiva. Es símbolo de la vida escondida, de la juventud triunfante y secreta. Por ello y por su color es una rehabilitación tecnológica de la sangre. Sangre recreada por los lagares de la comarca como signo de una inmensa victoria sobre la huída anémica del tiempo... Así enamora el milenario y sacro "vino del terreno".
Por
Eduardo Arboleda Ballén
antropólogo
earboled@teleline.es