El jardinero
¡Cómo discuten y cómo gritan! ¡Cómo dudan y se desesperan! ¡Nunca se acaba su pelear!
Que tu vida se ponga entre ellos, inalterable y pura como una lengua de luz, hijo mío, y les imponga silencio con su hermosura.
¡Qué crueles los hace la codicia y la envidia! Como ocultos cuchillos sedientos de sangre son sus palabras.
Ponte tú entre sus corazones airados, hijo mío, y que tus ojos huecos caigan sobre ellos como cae la indulgente paz del anochecer sobre la contienda del día. Déjales que miren tu cara, hijo mío, y que así comprendan el sentido de todas las cosas. Que te amen, y así se amen unos a otros.
Ven tú a ocupar tu sitio al seno de lo eterno, hijo mío. Abre y levanta tu corazón al salir el sol, como una flor nueva.
Y cuando el sol se ponga, inclina tu frente y acaba en silencio la oración de la tarde.
R. Tagore.
Mente Sin Temor
Donde la mente no tiene temor y la cabeza se mantiene en alto; Donde el conocimiento es libre;
Donde el mundo no ha sido separado en fragmentos Por paredes estrechas y serviles;
Donde las palabras salen desde lo profundo de la verdad; Donde la lucha extenuante estira sus brazos hacia la perfección;
Donde el fluido claro de la razón No ha perdido su camino en las arenas monótonas del desierto del hábito mortal; Donde la mente es guiada hacia delante por Ti, dentro del pensamiento y la acción eternamente amplios En ese cielo de libertad, Padre mío, deja que mi planeta despierte.
R. Tagore