EL HOMBRE DE HIERRO


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Una violencia emergente

Desde que los jóvenes de mi generación decidimos que no era bueno corregir a los hijos con un azote o un cachete han pasado algunos años, más de treinta. Hoy, visto lo que está pasando en nuestra sociedad, me arrepiento de haber encabezado semejante desatino. Me da vergüenza contemplarme en el recuerdo desaprobando la actitud de un padre que dio un azote en el culito a su hijo de corta edad. Lo cierto es que la violencia que ejercen los jóvenes contra sus padres es cada año mayor. Y el porcentaje de denuncias por parte de los progenitores a sus hijos aumenta en más del 50% cada año. De 2683 denuncias en el año 2007 han subido a 4200 en el año 2008, con lo que supone un aumento del 56% con respecto al año anterior. A este paso y atendiendo a la ley de progresión, dentro de pocos años este problema habrá alcanzado a la mayoría de las familias.

Y los políticos y legisladores en Babia. Y la sociedad como una gran masa ciega y torpe se encamina, de cabeza, hacia el sufrimiento más atroz por no haber puestos los medios para atajar este problema que es de todos, no solo de los padres a los que les sucede. Ya que, en general, no sabemos qué hacer con los problemas de violencia que la juventud mundialmente está generando en los últimos tiempos. Los religiosos apocalípticos verían aquí un claro indicio del final de los tiempos pero no será así para la mayoría de nosotros si es que ponemos una solución a este terrible hecho.

Y la solución pasa siempre por la responsabilidad de los padres, de los dos, que deben aprender a ser padres. Nadie nace sabiendo cómo ser padres. De forma vicaria aprendemos viendo y experimentando en nuestra propia vida, como lo hacen nuestros padres con nosotros. Pero me temo que ese modelo casi se ha perdido desprestigiado por la sandez de los psicólogos y la mojigatería de la sociedad que no ha sabido valorar lo bueno de aquella antigua forma de corregir.

Pero ¿Cómo corregir a los hijos razonable y moderadamente como decía el antiguo código penal? ¿Cómo un padre no puede dar un azote a un crio pequeño o una bofetada a uno mayor y pretender que se pueda corregir a los hijos según convenga?

Han quitado a los padres una de las herramientas persuasorias (la bofetada a tiempo) pero la policía (por ejemplo) sigue llevando armas y porras. ¿Cómo puede ser esto? Es decir que los gobiernos y los poderosos tienen sus instrumentos de represión y persuasión y nosotros los padres y madres no podemos siquiera dar un cachete a un hijo al cual amamos y criamos. ¡Amos anda! O nos devuelven la autoridad usurpada por una ley absurda o pronto la violencia contra los hijos será considerada "defensa propia". Y lo peor es que después nos los meterán en la cárcel y se quedarán tan anchos. Hipócritas y cretinos.

El principio de autoridad (yo diría en el muy principio) deviene de los padres (sobre todo del varón) y así lo diseñó la Naturaleza, como se puede comprobar en la mayoría de los mamíferos y en todos los primates. Y es algo natural y conveniente que los pequeños obedezcan a sus padres como necesario para la supervivencia. Y no siempre los animales corrigen con suavidad a los cachorros. A veces usan cierto grado de violencia en la corrección, eso si, controlada.

LLAMO A TODOS LOS PADRES A LA DESOBEDIENCIA DE ESTA LEY. LLAMO A TODOS LOS PADRES A LA OBJECIÓN DE CONCIENCIA ANTE UNA LEY QUE VA CONTRA NUESTRO DERECHO NATURAL (LUEGO SUPERIOR A CUALQUIER OTRO) A EDUCAR A NUESTROS HIJOS. No queremos que sean educados por el papá Estado y por la mamá Democracia, esa señora a la que todos estamos obligados a amar y a respetar pero que tiene unos pechos enormes de los que están chupando los políticos. Cuando el enemigo lo es y viene de frente es fácil defenderse de él. Pero de la Democracia (que se da por sentado que es santa y buenísima) es muy difícil defenderse y sus deficiencias se nos cuelan por detrás, sin verlas apenas.

Como padres en esta sociedad democrática no tenemos derechos, solo obligaciones. La obligación de criar a ciudadanos para la democracia, para la ciudadanía, para lo políticamente correcto (aunque no lo sea tanto) criarlos aunque, de hecho, no sean nuestros hijos ya que han sido educados por otros educadores: los políticos. Y todo sin ningún derecho a cambio. El derecho, por ejemplo, de educar a nuestros hijos como nosotros queramos, porque si el sentido de igualdad que tiene una familia religiosa es diferente a lo políticamente correcto no lo puede desarrollar en su casa a causa de esta misma incorrección.

Lo políticamente correcto en la democracia española (que es diferente a otras democracias) en muchas ocasiones se convierte en una burda manipulación de las leyes, que nos llevan a la incoherencia más absoluta. Una hija menor que tiene que pedir permiso a sus padres para hacer un viaje de fin de curso, que no puede fumar, que no puede ponerse un pirsing, que no puede comprar ni vender bienes, que no puede beber, que no puede fijar su residencia libremente puede, sin embargo, abortar sin que siquiera lo sepan sus padres.

Y mientras la vida sigue su curso imparable hasta que se colme la medida de toda nuestra ignorancia y nuestra estupidez.

ENLACES DE REFERENCIA

Jóvenes violentos con sus padres


La violencia contra los padres


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